martes, 16 de febrero de 2016

El poema más hermoso.

El poema más hermoso


De todos los poemas,
uno, sin autor, existe.
Nadie lo escribe
y nadie lo entiende.
Permanece inconcluso,
aún se está escribiendo.

¿Alguien lo lee?
Por supuesto, él mismo.
Parecerá raro.
Un poema...
 que se lee a sí mismo.
Pero ocurre, sin embargo.
¡Y debemos dar gracias!
Pues es un milagro.

Y este escrito tan misterioso,
es sin duda, de todas las poesías
el poema más hermoso.
¡Y no admito discusión!
Pues todas las otras rimas
viven en esta canción.

Quizá exagerase, negando autoría.
Pues desorden y entropía…
escriben cada verso.
Irónicamente, solo hay uno.
El título lo indica:

Universo.

viernes, 13 de marzo de 2015

martes, 25 de noviembre de 2014

Una charla sobre el destino

"El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos.
William Shakespeare

"Ni aún permaneciendo sentado junto al fuego de su hogar puede el hombre escapar a la sentencia de su destino."
Esquilo de Eleusis 

"Caminante no hay camino, se hace camino al andar."
Pablo Neruda 

Muchos autores, científicos, pensadores, filósofos, eruditos... han discutido larga y tendidamente sobre el asunto del que voy a discursear en las siguientes líneas. Y usted, avezado lector, estoy seguro de que ya ha inferido que el tema que aquí nos concierne no es otro que el "destino". Un tema muy poético... a la par que espinoso. Pero antes de empezar con el meollo de la cuestión, conviene hacer unas aclaraciones:

Primero de todo, hay que definir qué es el "destino", ya que como uno aprende cuando estudia matemáticas, antes de empezar a hacer filigranas con las ideas hay que definirlas correcta e inequívocamente para evitar confusiones. De no ser así acabaríamos en divagaciones y sinsentidos que no llevan a ninguna parte.

Y bien, ¿qué es el destino? Si uno se va al diccionario de la Real Academia Española se encuentra con numerosas acepciones de la palabra, de las cuales pocas nos interesan. Así que como no me convencían mucho, indagando en Internet he podido encontrar una que nos puede servir:

"El destino (también llamado fátum, hado o sino) es el poder sobrenatural inevitable e ineludible que, según se cree, guía la vida humana y la de cualquier ser a un fin no escogido, de forma necesaria y fatal, en forma opuesta a la del libre albedrío o libertad."

Como habéis imaginado la mayoría, sí, está sacado de la Wikipedia, se me da muy bien indagar. Pero bueno, con esto nos sirve.

Otra aclaración que me veo obligado a realizar es que no voy a ahondar en el terreno teológico del destino. Ya sabéis que si os mola ese rollo, este no es vuestro blog.
Tampoco se va a hablar sobre el destino visto como en la película de Destino Final, en la que un grupo de chavales evita la muerte en un accidente y como estaban marcados por el destino van muriendo uno a uno. No, ese no es el destino que vamos a tratar.
También os aviso de que en el texto aparecerán algunas pinceladas de física, ya que sí uno habla del mundo, entonces habla de física. ¡No os asustéis! ¡Esto no es una disertación sobre mecánica cuántica! Toda la física que aparezca en el texto será estrictamente necesaria y ajustada al conocimiento de física de una persona que sepa que las cosas están hechas de átomos. Es decir, no hace falta ni la ESO, solo ganas de usar un poco el coco.

Dicho esto, os dejo con esta curiosa conversación entre dos simpáticos personajes:

Rator: Querido Fiódor, imagínese un libro. Un libro en el que está escrito todo lo que ha sucedido, lo que está sucediendo ahora mismo y lo que sucederá en un futuro. Algo así como el almanaque deportivo de "Regreso al Futuro" pero a lo bestia. Un libro que contenga todas las guerras habidas y por venir. Todos los primeros besos y todos los últimos. Aquél que tiene entre sus páginas el detallado nacimiento de las primeras estrellas y, unos capítulos más adelante, la muerte de la civilización humana. Imagínese un libro en el que se cuentan todas las historias contadas, y todas las historias que están por contar. Un libro en el que estaba escrito que usted escucharía estas palabras y que yo las diría. En resumen, un libro en el que estuviese escrita toda la historia del universo, con el máximo detalle. Desde el inicio de todo, si es que existe dicho inicio, hasta el final, si es que lo hay. Ese libro es el destino.

Fiódor: ¿Y ese libro existe?

Rator: Para tener un libro primero hemos de tener páginas, Fiódor. Dichas páginas deben estar ordenadas de alguna forma para que lo que esté escrito posea algún sentido. Entonces, ¿cree usted que podemos ordenar los sucesos del universo como si de las páginas de un libro se tratase?

Fiódor: Pues no sabría decirle…

Rator: Me temo que esta cuestión ya es el primer obstáculo con el que nos enfrentamos a la hora de hablar sobre el destino. Para poder hablar del destino debe haber un futuro, un pasado y un presente. Es decir, tiene que existir el tiempo. ¿Y qué es el tiempo? ¿A caso existe?

Fiódor: Hombre, yo distingo entre ayer, hoy y mañana. Así que el tiempo, a mis ojos, existe.

Rator: ¿Pero ese tiempo que percibe usted es el mismo que percibo yo? Está es una cuestión aún más compleja de responder si cabe que la que nos estábamos preguntando, así que vamos a dejarla de lado y vamos a suponer que el tiempo existe y converge de una manera "relativamente" lineal en la misma dirección, aunque no necesariamente a la misma velocidad en todos los sitios. Como el agua que pasa a través del cauce de un río, sólo que por unos lados el fluido se desplaza con distinta rapidez que por otros.

Fiódor: Mmm… De acuerdo.

Rator: Apartada esta cuestión y asumiendo que podemos establecer una cronología dentro de una colección de sucesos, le invito a realizar el siguiente ejercicio mental:
Imagínese, Fiódor, que está sosteniendo con su mano un objeto cualquiera, digamos, una pelota. Y de repente abre la mano y suelta la pelota. ¿Qué ocurrirá a continuación?

Fiódor: Que la pelota caerá, ciertamente.

Rator: ¡Exacto! ¡Es usted muy avispado, Fiódor! La pelota evidentemente se caerá al suelo (suponiendo que nada interfiere con ella). Es más, si posee unos conocimientos de Física básica podría decirme a cuánto tardará en caer y a qué velocidad llegará al suelo.

Fiódor: Eso sería bastante fácil.

Rator: Ahora le invito a reflexionar sobre esta situación. ¿Por qué sabe todo eso? ¿Qué es lo que hace que la pelota se mueva hacia el suelo?

Fiódor: La fuerza de la gravedad, supongo.

Rator: Ya, pero, ¿por qué existe esa fuerza? ¿De dónde sale? ¿Qué la transfiere? Si usted es capaz de responder acertadamente a estas preguntas póngase en contacto con Estocolmo porque sin duda se merece un Premio Nobel de Física.

Fiódor: Hum…

Rator: ¿Ha oído alguna vez algo sobre el concepto de “determinismo”, Fiódor?

Fiódor: No, la verdad. ¿Qué es?

Rator: Para explicarle que es el determinismo, voy a echar mano de las palabras de Pierre Simon Laplace, un sabio francés del siglo XIX. Este buen hombre pensaba lo siguiente:

"Podemos mirar el estado presente del universo como el efecto del pasado y la causa de su futuro. Se podría condensar un intelecto que en cualquier momento dado sabría todas las fuerzas que animan la naturaleza y las posiciones de los seres que la componen. Si este intelecto fuera lo suficientemente vasto para someter los datos al análisis, podría condensarse en una simple fórmula de movimiento de los grandes cuerpos del universo y del átomo más ligero; para tal intelecto nada podría ser incierto y el futuro, así como el pasado, estaría frente sus ojos."

Fiódor: No me ha quedado muy claro…

Rator: A ver, analicemos lo que decía el bueno de Laplace volviendo al ejemplo anterior de la pelota. Pero ahora en vez una pelota, usted tiene dos pelotas, y una la suelta antes que la otra. Cómo tiene unas condiciones iniciales del sistema y sabe que leyes lo rigen (gravedad) podemos predecir cómo va a evolucionar nuestro sistema. Una caerá antes que la otra y podemos saber con qué diferencia de tiempo lo hacen.

Fiódor: Sí, sin duda.

Rator: Perfecto. Entonces aumentar el número de elementos de nuestro sistema no cambia el desarrollo del mismo. Si tiene unas condiciones iniciales entonces le corresponde un único camino hasta llegar al estado final.

Fiódor: Indiscutiblemente.

Rator: Ahora repitamos el mismo ejercicio mental. Solo que ahora en vez de un par de pelotas vamos a tener muchas pelotas. Muchísimas pelotas, miles de pelotas… ¡Que digo miles…trillones de pelotas! ¡No, más que trillones! ¡Billones! Bueno, el número de pelotas no importa, solo necesitamos saber que hay muchas, más de las que se puedan contar. Pero no solo hay muchas, sino que todo está hecho de pelotas. Usted está hecho de pelotas, las pelotas están hechas de pelotas más pequeñas, el suelo, el aire, todo está hecho de pelotas. Cómo se llamen esas pelotas no importa, átomos, partículas, cuantos, lacasitos… lo que quiera que sea. Además ahora no solo tenemos en cuenta la gravedad para la evolución del estado de las partículas, sino que también interfieren otras fuerzas, la electromagnética, nuclear fuerte, nuclear débil o cualquier otra fuerza misteriosa. A ese sistema que estamos analizando lo vamos a llamar “Universo”.

Fiódor: Ajá.

Rator: Ahora imaginemos que conocemos el estado de todas las partículas del universo y cómo funcionan las leyes que rigen las interacciones entre las partículas. Entonces, al igual que como hemos hecho con los dos casos anteriores, podremos predecir cómo va a evolucionar el sistema, solo que ahora las cuentas son un pelín más complicadas. ¡Es decir! ¡Si supiésemos el estado de todas las partículas del universo y las leyes que lo rigen podríamos predecir el futuro!

Fiódor: Pero… ¡un segundo! Yo soy un humano, y estoy compuesto de un conjunto de tejidos y órganos, que a su vez están hechos de células, que están hechas de orgánulos, hechos de moléculas y estas formadas por átomos. Luego estos también se dividen en partículas más pequeñas, etc. Pero no solo eso, ¡también todo lo que me rodea está compuesto por átomos! El aire que respiro, la ropa que llevo puesta, incluso usted… ¡Y además estos átomos interaccionan entre sí siguiendo unas leyes! ¿Me está diciendo que todo lo que hago, incluso todo lo que pienso no es más que el resultado de las interacciones de los átomos de mi cuerpo entre ellos y su entorno? ¿Que mi conciencia y mis pensamientos no son más que una ilusión creada por la ejecución natural de las leyes del universo? ¿Es decir, que yo solo soy un puñado de átomos ordenados de una determinada manera y que evolucionan siguiendo unas leyes?
¿Qué son entonces mis pensamientos? ¿Una ilusión del universo? ¿En qué me diferencio entonces de una piedra?

Rator: Fiódor, ¿las piedras piensan?

Fiódor: Por supuesto que no, ¡son piedras!

Rator: ¿Y por qué dices que no piensan? ¿A caso es usted una piedra, Fiódor?
¿Cómo puede saber si algo piensa o no? ¿A caso puedo saber yo lo que está pensando usted?
¿Piensan los animales? ¿Piensan las plantas? ¿Piensan las estrellas? Y usted, Fiódor... ¿piensa?

Fiódor: ¡Claro que pienso!

Rator: ¿Y qué es pensar?

Fiódor: Hum…

Rator: Piense, Fiódor, piense…

Fiódor: Entonces… aquel libro existe, ¿no? Es decir, el universo existe, por lo que necesariamente tuvo unas condiciones iniciales, o si no las tuvo, podemos establecer unas nuevas con las que tenemos en este mismo instante. ¿Entonces todo está escrito? ¿Estaba escrito que yo iba a hacer estas preguntas en este mismo instante? ¿El libre albedrío es falso? ¿Se puede “leer” ese libro de alguna manera?

Rator: Veo que empieza a captar el intríngulis del tema que aquí nos atañe Fiódor.  Pero me temo que todo esto no es tan fácil… Hasta principios del siglo XIX las teorías de Laplace sobre el determinismo y la predictibilidad del Universo se consideraban “más o menos ciertas” y resultaban complicadas de refutar. Sin embargo algo sucedió, nació la mecánica cuántica, que echaba al traste toda la teoría que el pobre Laplace había elaborado tan meticulosamente. Concretamente el “Principio de incertidumbre”, enunciado por el físico Werner Heisenberg en 1925. Dicho principio (hasta el día de hoy considerado cierto y comprobado experimentalmente) afirma que no es posible conocer la posición y el momento lineal (velocidad) de una partícula en un instante determinado con una precisión absoluta. En otras palabras, cuanto mejor conozco la velocidad de una partícula, menos sé sobre su posición. Y viceversa. La explicación más intuitiva explicada en términos sencillos y no muy correctos de este principio es la siguiente: Cuando yo miro una partícula muy pequeña, séase un electrón, para observarla necesito que un fotón, choque contra el electrón y rebote hasta mis ojos o mi aparato de medida para poder obtener una ‘imagen’ del electrón. Ese choque desvía al electrón cambiando su estado, creando una incertidumbre. Si yo quisiese medir ese error tendría que realizar otra vez una medición y me encontraría con el mismo problema. Y así hasta el infinito.

Fiódor: Mmm… entiendo el impedimento. El simple hecho de observar un suceso ya cambia el resultado.

Rator: ¡Exacto! Es imposible conocer el estado exacto de algo. Da igual lo que hagas, o como lo hagas, siempre va a haber un error, por mínimo que sea. Por lo tanto aquel demonio de Laplace que podía conocer la el estado de todas las partículas del universo es, físicamente, imposible.

Fiódor: Hum, ya veo… Ergo, el determinismo no existe, por lo que el destino, ese libro del que hablábamos al principio, tampoco existe.

Rator: No tan rápido. El principio de incertidumbre no nos dice que esas condiciones iniciales de nuestro sistema no existan. Sólo nos dice que es imposible conocerlo. Es como si ese libro llamado destino, estuviese escrito, pero cerrado, y con una cerradura sin llave.

Fiódor:

FIN DE LA CONVERSACIÓN.

PD: En realidad las cosas no son tal y como nos las cuenta Rator, sino que son aún bastante más complicadas. La mecánica cuántica relacionada con la existencia de la aleatoriedad verdadera es un polémico tema de discusión entre los científicos tanto actuales como pasados. (De esta discusión proviene la famosa frase de Albert Einstein: “Dios no juega a los dados.”) Si bien una gran parte de la comunidad científica defiende la aleatoriedad de los sucesos, también hay otra parte que se inclina por las llamadas “Teorías de variables ocultas”, que son algo parecido al símil del libro cerrado. Pero como he dicho al principio de la entrada, esto no es una disertación sobre mecánica cuántica, mi única intención es despertar una chispa de curiosidad en usted, estimado lector.

PD2: Si quiere saber más sobre el tema le invito a buscar en Google las palabras “Aleatoriedad mecánica cuántica”, “Teoría de variables ocultas”, “Interpretación de Copenhague” o cualquier otra consulta que se le ocurra.





domingo, 20 de octubre de 2013

A pale blue dot

Si lo piensas bien, no hay ningún motivo para sentirse triste ni tener una visión deprimente de las cosas. Todos nuestros problemas, por graves que sean, no dejan de ser una chorrada.

El universo es inmensíííísimo (Vease http://htwins.net/scale2/, no tiene desperdicio), y se cree que tiene 14 mil millones de años. La vida humana sólo tiene unos cientos de miles de años, ni una millonésima parte de la edad del universo. Somos enanos, minúsculos, somos una persona entre 7 mil millones, más los que han sido y ya no están, en un planeta de los más pequeños que giran alrededor de una estrella más bien pequeña. Dentro de una galaxia con más de 100.000.000.000 de estrellas, en un universo con muchísimas más galaxias que personas.


Somos enanos, minúsculos, ni una mota de polvo en el universo, y vivimos solamente unos 80 años, NADA comparado con la edad del universo. Vivimos un suspiro.

Pero a pesar de todo… vivimos. No se ha encontrado aún vida más allá de la tierra en el universo, quizá haya vida, quizá no. Pero esto nos dice, que puede que sea la única vez que haya habido y haya vida en el universo, ¿y tú la vas a malgastar lamentándote?

Somos una mota de polvo que vive un suspiro, disfrutemos de ese suspiro para que haya merecido la pena.

PD: Para terminar os dejo con un discurso de Carl Sagan que todo el mundo debería escuchar alguna vez en la vida:




martes, 26 de marzo de 2013

Échale huevos.

Todas las grandes historias tienen un comienzo. Ya sean historias graciosas, importantes, de amor... Todas tienen algo en común. Un comienzo.
Para vivir hace falta vivir aventuras, y esas aventuras nunca llegan solas. O pueden llegar, si no se tienen dos cojones y aprovecharlas, simplemente no suceden.

Los grandes imperios como Apple, Facebook, etc... no nacieron solo de una idea, nacieron del valor. En algún momento sus creadores tuvieron que tomar una decisión y echarle pelotas, de ese modo Steve Jobs y Mark Zuckerberg tuvieron el valor de salirse del camino y hacer algo. Dejar los estudios y formar su propia empresa, en vez de atenerse a lo establecido y seguir esperando a que terminasen la carrera y les cogiesen de empleado en alguna empresa, pero no, arriesgaron su carrera, su dinero, su vida entera, arriesgaron mucho para vivir una aventura que nadie les garantizó que saldría bien, más bien todo lo contrario. Y podría no haberles salido bien, podrían haberse dado una hostia, como le ha pasado a muchas personas, solo que de ellas no se habla.
  Pero les salió bien, cosa que no habría pasado si no le hubiesen echado el valor necesario para vivir su propia aventura.

¿Con esto quiero decir que dejes los estudios y te pongas a hacer una empresa? ¡No! Ni mucho menos, solo te estoy diciendo que para poder vivir una aventura, primero tienes que partir. Tienes que echarle valor.

Pero no sólo esto se reduce al mundo profesional, sino a cualquier campo de la vida. TODAS las grandes parejas nacen del valor. Todas tienen un comienzo, en algún momento uno de los dos se atrevió a declararse y el otro se atrevió a aceptar. ¿Qué puede salir mal? Sí. ¿Y qué?
Peor que haber fracasado es no haberlo intentado. ¿Te gusta alguien? Échale pelotas y dile que le/la quieres.

¿Qué no es correspondido? Pues bueno, que se le va a hacer, a otra cosa mariposa. Pero si no se lo dices sí que no va a pasar nada, ¡coño!
Y pongamos que estas en el otro lado y tienes miedo a que salga mal. Vale, puede salir mal. Pero también puede salir bien. Qué triste es perderse una gran aventura por tener miedo a que salga mal.
Menos la muerte, todo tiene solución, y esta última, de momento.

No seas idiota, vive la vida que es muy corta. No dejes de hacer algo porque pueda salir mal, porque si no, lo que es seguro es que no saldrá bien.

En todas grandes historias en algún momento alguien tuvo que arriesgar y echarle valor. ¿Quieres vivir una gran aventura? Pues se valiente y atrévete, que es duro caer, pero peor es no haber intentado subir.

jueves, 9 de agosto de 2012

Normal que tengas problemas, coño.

¿Para que demonios sirve un psicoterapeuta? ¿Para sentarse, escuchar tus problemas y decirte cosas que ya sabes y lo que tienes que hacer? ¿Y luego te preguntas porque tienes problemas?

Quizá esos problemas radiquen en que no tienes personalidad, que tienes que hacer lo que te diga alguien y no lo que pienses tú, o simplemente en que no sabes pensar por ti mismo.

Si alguien necesita que le digan como afrontar su problemas emocionales, pues joder, es normal que tenga problemas emocionales.

Aprended a pensar y dejar de gastaros pasta en libros de autoayuda y en psicólogos que se ríen en vuestra jeta, que así no vais a solucionar nada ni a madurar en la vida.

Los psicólogos son solo para gente que tiene más dinero que problemas.

Ah, y si me habéis dado la razón en alguna parte del texto, significa que no lo has entendido. Piensa en ello.

Aquí esta el chiste:

-¿Qué estaría haciendo Lady Di si ahora estuviese viva?
-Arañar el ataud y gritar: ¡Socorroo!

miércoles, 8 de agosto de 2012

Esto va por aquellos incomprendidos.

Enhorabuena, has encontrado el siguiente código.

Hoy voy A hablar de ese grupo de personas de las que nadie nunca se acuerda, los negros picha corta.

La gente da por hecho que los negros la tienen grande, y estadísticamente es cierto, pero haBrá negros que la tengan pequeña  ¿No? ¿Qué pasa con ellos?

Su vida sexual tiene que ser un infierno. Ya me imagino a la novia del chico esperándose una tranca de 24 cm y se encuentra con una de 11cm. La chica pondrá la misma cara que se nos pone a todos cuando vamos a tirar algo al Cubo de la basura y vemos que no hay bolsa, y claro el pobre negrito al ver una cara de esas tras otra... pues se deprime.
Es como cuando tienes muchas expectativas para ver una película que te han dicho que es buenísima, y resulta ser una del montón, más bien mala, te llevas un chasco del quince y la película te parece malísima, aunque no lo sea tanto. Pues aquí lo mismo.
Pero bueno, al menos atrae a las tías, que piensan que la tiene grande, y pincha, porque hay que ser muy hija de puta de no follar con él por tenerla como un ganchito, pero bueno, hay de toDo en la viña del Señor.

Tenéis mi apoyo negros pichacorta, vosotros moláis.

Ah y un consejo, dejaros el pelo Afro tíos, que el Afro lo partE.



 Mira como mola el Afro. A qué si te digo que este negro tiene la picha corta sigue siendo guay.
Pues eso, PONTE AFRO.



PD: A partir de ahora, en cada entrada voy a poner un chiste al final, como apertura, una coña sobre el nombre de la web:

¿Cuántos tubos tiene una tele de tubos de rayos catódicos (Sí, esas con forma cubo, las de toda la vida)?

-Pues 4, los "Teletubis"